Un nuevo factor de riesgo cardiovascular está comenzando a dar mucho de hablar. Se trata de una proteína especial, la proteína C reactiva (PCR). En artículo publicado en octubre del 2004 señalé que la aterosclerosis, tendría una base inflamatoria (saber más). Hoy me referiré a la principal responsable de provocar tal inflamación: la PCR.
Los clásicos factores de riesgos cardiovasculares han sido bastante divulgados. Estos son: niveles altos de colesterol, la hipertensión arterial, la diabetes, el cigarrillo y la obesidad. A estos se suma la nueva epidemia que es la insulinoresistencia. Sin embargo, en ocasiones estos factores no han sido suficientes como para explicar algunos casos de síndromes coronarios agudos que incluyen la angina inestable aguda, el infarto al miocardio y la muerte súbita.
Existen abundantes datos científicos que relacionan tanto el inicio como el progreso de la enfermedad aterosclerótica a un proceso inflamatorio crónico, donde participan varios factores inflamatorios. De todos estos, es la PCR el factor más importante hasta la fecha que se ha estudiado.
La aterosclerosis se considera actualmente como una enfermedad con un gran componente inflamatorio que se desarrolla durante varios años. En este tiempo se van formando las placas de ateromas. Y es durante este tiempo que la PCR participa activamente en su desarrollo. El mecanismo de acción de la PCR es interactuar con los macrófagos facilitando que se introduzcan a través del endotelio, donde luego de fagocitar las moléculas del colesterol LDL que también se han introducido, se transformarán en las células espumosas. Estas últimas son las que caracterizan las placas de ateromas
Pero además la PCR actúa en la fase aguda de la aterosclerosis, es decir en lo que conocemos como la complicación de la placa de ateroma, favoreciendo la ruptura de la placa y su complicación que es el infarto.
La PCR se produce en el hígado como respuesta una inflamación y su concentración aumenta en relación al grado de inflamación que exista en el organismo (p.e una enfermedad bacteriana o viral). Otras situaciones también aumentan esta PCR y con ello se incrementa el riesgo cardiovascular. Es el caso de la obesidad y el tabaquismo. Por otro lado, el sólo hecho de bajar de peso, lleva a una normalización de la PCR.
Cabe señalar que hay medicamentos que tienen la particularidad de aumentar la PCR, mientras que otros la disminuye.
No es de extrañar que en futuro no tan lejano su médico le pida, formando parte de los exámenes de rutina, la PCR. En realidad esta determinación ya se realiza en algunos laboratorios. Sin embargo la tecnología de medición requiere una alta sensibilidad, cosa que la mayoría de los laboratorios de nuestro país no están capacitados.

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